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viernes, 30 de diciembre de 2011

La discriminación goza de buena salud

Carta enviada al diario argentino NORTE, por una lectora.

Señor director de NORTE:
Primer testimonio: Hace algunos años, en una reunión entre directivos de una escuela secundaria, días antes del comienzo del año lectivo, se producía el siguiente diálogo: directora: “Este año como experiencia piloto vamos a recibir en nuestra escuela, a modo de llevar a la práctica la integración, a dos chicos ciegos.

Después de varios intercambios de opiniones respecto de cómo harían para enseñarle, para tratarlos, importancia de la estructura edilicia, etcétera” (la realidad: 100% de dudas 0% certeza). Luego de minutos de murmullos y silencio se escuchó la voz de un profesor que decía: “¡Pero estos padres! Antes de mandarlo a estos chicos al colegio a jodernos ¿por qué no los dejan en su casa?” Este comentario lo realizó un docente sin saber que entre esos docentes estaba otra docente, madre de una jovencita ciega. Hasta el momento no se sabe si este profesor llegó a ser autoridad o lo será en un futuro cercano. Si es autoridad, espero que haya cambiado de opinión en este aspecto; y si no, también.

Segundo testimonio: Cintia Vega (ciega): “Se dice que el conocimiento abre caminos, enlaza vínculos, da firmeza y libertad. Como joven ciega me he preparado para la vida social y reacciono cuando después de haber estudiado varios años y logrado buenas notas, cuando fui a pedir trabajo me dijeron: te falta un título oficial para poder ejercer el inglés en las escuelas públicas, cuando sabemos que muchas personas están trabajando sin título oficial, pero igualmente idóneas. Me niego a pensar que se prefiere a quienes no tienen ningún discapacidad y dan menos trabajos para socializar, ya que muchos que se capacitan con la misma herramienta que este sistema educativo propone y que a la hora de ejercer te dice “aún no estás preparado” (agrego yo: ve a tu casa y cuando veas vuelve).

Tercer testimonio: María Itatí Rodríguez, de La Escondida: en el año 97 una joven de 16 años y con síndrome de Down iniciaba en un jardín de infantes su pasantía laboral, que duró dos años, tiempo en que se fueron evaluando sus actividades y desempeños en la institución. El seguimiento estuvo a cargo de una psicopedagoga y una asistente social, en conjunto con el personal directivo y docente de la institución. Por haber sido positiva la experiencia se procede a presentar al Ministerio de Educación el pedido de un cargo, que fue creado en 1999. Como fue una experiencia inédita, se estaba dando igualdad de oportunidades en lo laboral. Este proyecto se desarrolló sin dificultades hasta el 7, fecha en que una directora regional, con total desconocimiento (o no) de los derechos de las personas con discapacidad, se negaba a dar continuidad argumentando que no se podía permitir que una persona con esa situación se desempeñara en este cargo (debería estar en su casa realizando manualidades). Fueron dos años de golpear puertas, ir y venir, pedir, vuelva mañana, no, no está, todavía no se trató. En fin, mas de los mismo, hasta que hace poco tiempo se logró su estabilidad laboral.

(A esta altura esperamos que se haya cambiado de opinión respecto del tema).
Indiferencia, ignorancia, prejuicios, buenos deseos, parecen ser algunos de los clavos que se usan para crucificar a los discapacitados y arrastrar en el calvario a los familiares que se preocupan por ellos. Para mucha gente los discapacitados no son personas, aunque no lo digan en voz alta (ni en voz baja). Es muy difícil creer en los buenos deseos que pregonan muchos funcionarios de área. Es difícil llegar a creer en la continuidad del mejoramiento de la vida de las personas con discapacidad, a pesar de que la autoridad máxima se ponga a la cabeza de la defensa de sus derechos. Falta mucho, y da la sensación de que la discapacidad pierde siempre por goleada.

Cuarto testimonio: Romina Mansilla, abanderada y escolta, respectivamente, en la escuela ENS 88, donde cursó sus estudios secundarios; actualmente estudiante de inglés para acceder al título de traductorado, y cursa hace doce años la difícil carrera de artista como solista vocal femenino y hoy es digna representante del Chaco en Cosquín 2012 sede Puerto Tirol.

Nada se le regaló, se esforzó como cualquiera y le costó como a todo el mundo. Me retó y lo retó a usted, que tiene todo los sentidos intactos, a caminar este mismo camino, pero con los ojos cerrados... siempre.
Esto no es una protesta. ni siquiera un reproche. Es la descripción de la realidad, por eso rescato con orgullo los logros de Cintia Vega, profesora, madre, esposa e hija, Romi, y claro.. de María Itatí y su familia en La Escondida. De ellas rescato los logros de todas las personas especiales, que en igualdad de condiciones y dignidad pueden llegar a dar a la sociedad y sus semejantes.

“Un grupo de ranas viajaba por el bosque y de repente dos de ellas cayeron en un hoyo. Todas las demás se reunieron alrededor cuando vieron cuán hondo era. Le gritaban a las dos ranas que habían caído “deben darse por muertas”. Las ranas no hicieron caso y siguieron tratando de saltar fuera con todas sus esfuerzas, en tanto las otras seguían insistiendo y les gritaban que sus esfuerzos son inútiles, dense por vencidas. Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que decían, se rindió y murió. La otra continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más la multitud le gritó que dejara de sufrir y se dispusiera a morir. Pero la rana saltó cada vez con más fuerza hasta que finalmente salió. Cuando salió las otras ranas preguntaron: ¿no escuchaste lo que decíamos? La rana explicó que era sorda. Ella pensó que los demás la estaban animando a esforzarse más para salir del hoyo.
LUIS H. MANSILLA
DNI 11.560.045
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